jueves, 18 de abril de 2013

Juan, taxista lírico

http://www.abc.es/local-madrid/20130418/abci-taxista-canta-opera-201304171930.html








«¡Taaaaxi!». Un Skoda Octavia se para en el arcén. Cambia la cartela de libre por ocupado. Baja la bandera. Mete primera y pasados unos minutos rompe el hielo con un: «Buenas tardes. ¿Quiere que le cante?». Una respuesta afirmativa suele ser la contestación mayoritaria a tan sorpresiva e inesperada pregunta de este taxista de Madrid. Entonces, una potente voz a capela inunda el habitáculo, entonando «Amapola», de Luis Roldán. Otras veces opta por«Granada», de Agustín Lara. Son las canciones preferidas de Juan Penela Corredor, el tenor del taxi. Pero su repertorio es mucho mayor.
«Soy el taxista lírico. Así me hago llamar. Creo que soy el único de la capital que canta zarzuela y ópera a sus clientes. Es una iniciativa que, más en tiempo de crisis, no viene mal», manifiesta este hombre sin apartar la vista de la carretera. En un semáforo muestra un cuaderno donde tiene las letras de otras canciones. «Mientras espero viajeros, me las estudio», afirma.

Aficionado desde los 30

Juan no es un profesional, «siempre he cantado en casa sin saber» de este arte. Le apasiona la música y considera que tiene buena voz. Sus ídolos son Plácido Domingo, Rafael, Luciano Pavarotti, Rafael, Luis Miguel, Camilo Sesto, «y ahora Pablo Alborán». «Los gorgoritos que él hace son complicadísimos», apostilla.
A los 30 años descubrió su afición por el cante. Con aquella edad decidió apuntarse para dar clases de solfeo y guitarra. «Vi que estaban haciendo pruebas de voz para canto y me presenté. Me cogieron junto a otras cinco personas». Estudió cómo modular la voz durante dos años, unas lecciones que pone en práctica ahora, a sus 50 años, al frente del volante.

Probando en concursos televisivos

Juan, casado y padre de dos hijos de 14 y 19 años, nunca se ha dedicado al mundo de la música. Cambió los fogones por un taxi alquilado hace once meses. Reconoce que su mayor sueño es dedicarse a la canción. «Mi meta sería ser actor de doblaje para canciones en alguna película», dice. Entre tanto, ya se ha apuntado al casting del «talent show», La Voz. «No me llamaron», señala. No descarta presentarse al programa Tú sí que vales para conocer la opinión del crítico Risto Mejide, indica. «Y que la gente me conozca», sugiere.
Lo que más le gusta de «este mundillo» es conocer a gente famosa, «que me llamen para que les cante mientras les hago su carrera». Entonces recuerda el día en que pudo deleitar a Carlos Baute con su concierto motorizado. «Le recogí en un restaurante. Iba con su mujer. Cuando terminé me dijo que lo había hecho muy bien». Juan guarda en su teléfono móvil instantáneas con la gente conocida con la que se ha topado. En un cuaderno de notas, las dedicatorias de los mismos. La de Baute, Bibi Andersen y otros artistas.

Propina y alegría

«Lo que más me agrada de este servicio extra es dejar a la gente contenta. Hay algunos que te dejan propina. Hasta cinco euros me han dado. Otros dos o un euro y la mayoría, nada. Pero lo importante es que si el cliente tiene un mal día, sale más feliz del taxi», confiesa. Cuenta el caso de un hombre al que recogió del Gregorio Marañón después de haber fallecido su hermano. En la conversación dio a conocer su faceta de cantante. «El hombre me dijo que en ese momento le venía muy bien escucharle cantar, que le había ayudado. Eso es una gran satisfacción».
En el sector todavía no es conocido como el taxista lírico, así que de momento no cuenta con elogios ni recelos de su competencia. Juan ya se ha confeccionado unas tarjetas de presentación para repartirlas.Quiere una clientela fiel a su voz e impresionar a los turistas.

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