domingo, 10 de mayo de 2015

Caleb's Story

LOBOS: Cómo los lobos son capaces de cambiar el curso del río

Keops La Gran Pirámide...

fuente:http://noticiasdelaciencia.com/not/13990/-ldquo-la-gran-piramide-de-keops-se-anticipa-en-milenios-a-la-evolucion-de-la-ciencia-rdquo-/


“La Gran Pirámide de Keops se anticipa en milenios a la evolución de la ciencia”

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La Gran Pirámide de Giza en Egipto, la más antigua de las Siete Maravillas del Mundo y la única que aún persiste, ha sido y sigue siendo un monumento que despierta la admiración de egiptólogos, arqueólogos y arquitectos como Miquel Pérez-Sanchez Pla (Barcelona, 1950), que la ha reconstruido en su medida exacta. Pero lejos de cerrar un capítulo de la historia, la reconstrucción del monumento ha generado aún más enigmas, parte de los cuales se resuelven en el libro La Gran Pirámide, clave secreta del pasado.

Miquel Pérez-Sanchez Pla no es un arquitecto al uso. Amante de la poesía –ha escrito cinco libros de este género–, su curiosidad por la Gran Pirámide de Giza nació al escribir sobre los orígenes del hombre. “Me pareció necesario como arquitecto hablar en este libro de la arquitectura de los orígenes”, recuerda Pérez-Sánchez Pla.

Su hábito de dibujarlo todo le llevó a poner en el ordenador las medidas conocidas de uno de los monumentos más importantes de la historia de la Humanidad. Ahí comenzó un viaje que, doce años más tarde y tras interesantes hallazgos sobre la civilización egipcia, culmina en la publicación del libro La Gran Pirámide, clave secreta del pasado.

Pero los secretos revelados por este arquitecto, que entremezcla las matemáticas, la geometría, la astronomía, la geodesia y las lenguas antiguas, no son más que la primera pieza de un gran puzle. Y es, sin duda, su experiencia como poeta la que le ha guiado en toda esta aventura. “Ha sido absolutamente clave para ver el monumento desde el punto de vista de la mitología, la literatura y la historia”, dice Pérez-Sánchez Pla.

La Gran Pirámide es un monumento distinto de las otras pirámides. Aunque en la actualidad la vemos como una gran escalera, no lo era cuando se construyó. Tenía las caras lisas, pero “parece que un terremoto desprendió parte de los bloques y luego los fueron arrancando para utilizarlos como cantera”, informa el investigador.

A pesar de todo, quedó una hilera de piedras cuya inclinación hace tiempo que se había medido. El arquitecto ajustó la medida gracias a los números y a Pitágoras –que estuvo 20 años en Egipto y fue ungido sacerdote–. “Pero con la inclinación perfectamente definida nos dimos cuenta de que los bloques de caliza no llegaban hasta arriba, hasta su altura total definida por William F. Petrie en 280 codos reales (cr=0,5236 metros) y aceptada unánimemente. Por tanto, faltaba algo. Pero, ¿qué?”, se pregunta Pérez-Sánchez Pla.

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El arquitecto Miquel Sánchez-Pérez Pla, durante la presentación del libro en el Ateneo de Madrid a finales de abril. (Foto: Sinc)


Para responder a esta cuestión, Miquel reconstruyó el monumento que quedaba truncado en su vértice. “Lo que fue absolutamente sorprendente es que contiene una fórmula matemática todavía indescifrada que garantiza que su reconstrucción sea exacta”.

En su labor de reedificar virtualmente la pirámide, el arquitecto entrelazó números y llegó a realizar un cálculo que resultó ser poético para definir la altura del vértice del monumento. El resultado fue igual a 277,7778 cr, que se obtiene al dividir lo infinitamente grande según los egipcios –el millón–, dividido por lo infinitamente pequeño –3.600, que es la división de la hora y del grado en segundos–. Pero esa altura no permitía llegar a los 280 cr ya determinados. Y sólo una esfera representando al Sol podría completar este vacío.

“La reconstrucción de la Gran Pirámide se realizó con una precisión de veintésimas de milímetro, es decir, de un milímetro dividido en 20 partes. Se trata de un nivel de precisión 100 veces superior al normal en arquitectura que solo se podría conseguir por ordenador. Una vez realizada nos encontramos con que la superficie de la Gran Pirámide era de 314.159,2 cr2, lo que nos ofrecía una aproximación con seis decimales al número Pi, y esto representaba avanzarse 3.000 años en la evolución de la ciencia”, afirma Pérez-Sánchez Pla.

Estas conclusiones llevaron al investigador a realizar su tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Cataluña. “Quise analizarla de arriba abajo”, certifica el autor atraído por dos de sus peculiaridades: un zócalo que mide un codo real (0,5236 metros) –la distancia que va desde el codo hasta la punta de los dedos– y el centro de las caras (apotemas) ligeramente hundido hacia el interior, “por lo que la medida de la pirámide en el extremo del cuadrado de la base es mayor que la que tiene en el centro”, explica el experto.

La primera sorpresa fue que el zócalo ya daba la unidad de medida de la pirámide. “¿Te imaginas que en el Partenón los arquitectos hubieran dejado en piedra la unidad de medida que emplearon para construirlo? Yo no lo he visto nunca, salvo en el caso de la Pirámide de Keops”, se asombra todavía el arquitecto, reconvertido en científico.

No obstante, esto no fue más que el principio. Al medir la Cámara del Rey, Pérez-Sánchez Pla se percató que contenía dimensiones exactas en metros: su altura respecto al zócalo era de 43,00 m, la diagonal de su muro mayor de 12,00 m y su volumen de 321 m3. “Aún no nos explicamos cómo, pero son demasiadas casualidades”.

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Detalle de la coronación de la Gran Pirámide. La esfera medía 1,423 metros, lo que representa la 103ª parte de la altura de la pirámide. (Foto: Reconstrucción de Pérez-Sánchez Pla)


A partir de la geometría de la Gran Pirámide confirmó la presencia del número Pi (3,1416), del codo real (0,5236) y del número Phi o número de oro o divina proporción (1,6180). Además, el perímetro, la superficie y el volumen de la Gran Pirámide calculados por ordenador demostraban que la reconstrucción era totalmente exacta a través de la ley del número 888, una cifra clave en el libro que solo su lectura puede revelar.

“Hay un montón de elementos relacionados con el número 888”, y esta cantidad podría simbolizar la presencia de un dios único primigenio, que está documentado en el IV milenio antes de Cristo y que es anterior al politeísmo conocido de los egipcios. Esta cifra ‘secreta’ que está asociada a toda la geometría del monumento, y que se repite de forma sistemática a lo largo de su investigación, no es la única: también aparecen frecuentemente los números 432 y 892.

En busca de más respuestas, Pérez-Sánchez Pla no encontró más que preguntas para resolver este gran rompecabezas. Por ello recurrió a la lectura de la mitología, centrándose en el mito de Osiris (dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y la regeneración del Nilo). “Hemos llegado a la conclusión de que era la personificación de una civilización madre que transmitió la sabiduría al Antiguo Egipto”, explica el científico.

De nuevo, son los datos comprobados a través de las matemáticas y la astronomía los que permitieron establecer la fecha del día de la muerte de Osiris. Comparándola con el momento de la inauguración de la Gran Pirámide, que se había determinado por los canales estelares, el arquitecto llegó a la conclusión de que había 1.000 años de diferencia entre un día y otro.

Por lo tanto, “la Gran Pirámide es el monumento conmemorativo del Milenario del día de la muerte de Osiris”, zanja el autor quien añade que la construcción de la Gran Pirámide –que duró 17 años y 9 días– se culminó el 3 de octubre del 2530 antes de Cristo, hace 4.545 años. Las fechas del inicio y del final de las obras se han podido establecer a partir de la alineación de dos canales estelares de la Gran Pirámide con el planeta Marte.

Pero los cálculos también han permitido desvelar el significado del nombre del monumento: el Horizonte de Keops. Si la esfera del vértice se transforma en un ojo es “exactamente lo que ellos están viendo desde arriba”, el horizonte. Esta imagen da aún más pistas sobre un segundo horizonte, cuyo perímetro de visión se establece desde la altura donde está la hipotética y aún oculta Cámara Sepulcral. “Resulta que este segundo horizonte es la medida del primero multiplicado por 0,888. A partir de ahí, y con otras pruebas, deducimos dónde se hallaría esta cámara que podría contener el cadáver momificado del faraón”.

Sin embargo, lo que más sorprendió a este arquitecto catalán fue la precisión de los resultados de los cálculos del volumen, el perímetro y la superficie de la pirámide. Este es el gran enigma. “No tengo ni idea de cómo lo hicieron, no solo cómo la construyeron sino cómo la proyectaron, porque la Gran Pirámide se convierte en un elemento que concentra una gran cantidad de información. Es una enciclopedia de piedra”, afirma el investigador ante la inevitable pregunta: ¿Cómo pudieron construir con tal grado de precisión? “Cuánto más sé, menos sé. La incógnita de cómo lo hicieron sigue abierta”.

Angustiado ante la ausencia de esta gran respuesta, Pérez-Sánchez Pla se refugió en su director de tesis. “Tú bastante has hecho descubriéndolo; ahora que sean los demás quienes expliquen el cómo”, le dijo.

El libro responde de algún modo a esta importante cuestión. “Esta sabiduría es imposible que naciese a lo largo de los seis siglos de historia que llevaba esta civilización que surgió en el 3100 antes de Cristo. La pirámide se inauguró en el 2530 antes de Cristo, seis siglos de diferencia en la que se demuestran sin duda grandes conocimientos astronómicos, geodésicos, geométricos y matemáticos”.

La conclusión a la que llega Miquel es que los egipcios fueron herederos de una sabiduría anterior porque “sino no tiene explicación”. El investigador se remite a toda una serie de datos mitológicos que hacen pensar en una civilización científica previa.

A esto se suma el conocimiento geodésico que los egipcios tenían de la Tierra que es “imposible que sea casual”. En la Gran Pirámide de Keops hay datos proporcionales que nos dan el perímetro medio de la Tierra, la longitud del meridiano, y el radio polar con una gran precisión. Pero si realmente fueron herederos de una sabiduría anterior, ¿en qué otros monumentos se reflejaría este conocimiento?

Miquel Pérez-Sánchez no tuvo que buscar muy lejos. Miró hacia la Esfinge de Giza, que según la egiptología es contemporánea de la Pirámide de Kefrén. “El desgaste de la piedra es extraordinario en el cuerpo pero mucho menor en la cabeza. Al estar en una fosa, las arenas del desierto la recubrieron y lo que quedó fuera fue la cabeza, por lo que se tendría que haber desgastado más que el cuerpo que quedó protegido. Pero ocurre justo al revés”.

A través de su investigación, Pérez-Sánchez Pla la ha podido fechar con exactitud confirmando la datación aproximada realizada por Robert Schoch, geólogo y profesor de la Universidad de Boston (EE UU), que llegó a la conclusión de que la Esfinge –que originariamente tendría cabeza de león– era de entre el 5.000 y el 7.000 antes de Cristo. Pero no solo eso, Miquel ha averiguado también porqué construyeron este monumento. “Esto no aparece en este libro”. Habrá que esperar al siguiente para descubrirlo.

Mientras, el arquitecto seguirá intentando desvelar los misterios de esta civilización porque, como decía el historiador griego Plutarco, “no hay nada más grande para el hombre que la obtención de la verdad”.

A lo largo del mes de abril, Miquel Pérez-Sánchez Pla presentó su libro en la sede del CSIC en Barcelona, en el Ateneo de Madrid y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). Durante el mes de mayo, está prevista otra presentación en la Casa de la Ciencia del CSIC en Sevilla. (Fuente: SINC)
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miércoles, 22 de abril de 2015

Sor Lucía Caram


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Sor Lucía Caram, monja entregada a los demás

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

"Dios no tiene manos, ¡pero tiene nuestras manos!"

04/12/2012 - 00:00
"Dios no tiene manos, ¡pero tiene nuestras manos!"
Foto: Laura Guerrero
Claustro
Sor Lucía Caram es un torbellino de energía con un objetivo: ayudar a personas necesitadas. Y no para: ha promovido la Fundación Rosa Oriol (en favor de un banco de alimentos), el Grupo de Diálogo Interreligioso de Manresa, el Projecte Mosaic de salud mental... Tiene un programa en Ràdio 4 (Punt de trobada), y publica la autobiografía Mi claustro es el mundo (Plataforma), su visión del mundo entre jugosas anécdotas (como esa noche de oración en el convento en que, para resistir, se tomó una infusión de hoja de coca, café y mate que la mantuvo despierta..., pero en el retrete). Sor Lucía pasa sobre formulismos religiosos para ir a la esencia: ¡servir!
Poco contemplativa la veo.
No puedo estar quieta, es verdad, pero contemplo la historia desde el corazón de Dios.

Y se escapa de la clausura.
Mi claustro es el mundo.

¿Qué hace?
Me levanto a las cinco de la mañana y rezo, voy a misa, leo La Vanguardia... Y, a las nueve y media acudo a la Plataforma de los Alimentos y escucho a la gente.

¿Qué es esa plataforma?
Somos cinco monjitas en mi convento, en Manresa, que empezamos repartiendo bocadillos... y hoy, gracias a 250 voluntarios, ¡damos alimentos a 950 familias necesitadas!

¿Y eso de escuchar?
¡Dar no es sólo repartir bolsas de comida, es escuchar!

¿Qué le cuentan?
Hoy ha venido otra persona a punto de ser desahuciada de su piso...

¿Y de verdad puede solucionar algo?
Hemos conseguido en siete meses tres pisos para tres familias. Antes yo pedía sólo a Dios, ¡ahora pido a todo el mundo!

¿Aceptaría dinero de cualquiera?
No del dueño de Zara: un voluntario hondureño me cuenta cómo le explotaban de niño trabajando en sus talleres allí.

¿Por qué se hizo monja?
Conocí a unas monjitas que trabajaban con los más pobres, ¡y las veía felices! A los 18 años estudiaba Teología, ayudaba en hospitales, trabajaba en los barrios...

¿Y contenta?
Acabé sintiéndome exiliada de mí misma. Y me recluí cinco años en la oración. Fue duro..., ¡pero aprendí que soy libre por dentro!

Y ha desplegado su libertad.
Les he complicado la vida a mis hermanas: ¡no para de sonar el timbre del convento!

¿Qué dicen sus superiores?
Me riñeron por acercarme a los musulmanes de Manresa, pues lo interpretaron como claudicación. Apoyé la mezquita, y hoy es la única mezquita de puertas abiertas.

Bien está lo que bien acaba.
Y la Iglesia debería aceptar el uso anticonceptivo del preservativo: ¡ayuda a la paternidad responsable! Y no imponer el celibato.

¿No le gusta?
¡Yo lo elegí libremente! Y me ayuda a servir a todos. Abrir los brazos es amar, y cerrarlos sobre una sola persona no me basta: los dejo abiertos. Lo aprendí de Pedro Meca.

¿Quién?
Un cura que convive con los sintecho de París que me dijo: "La Iglesia es una casa de putas donde he aprendido a hacer el amor".

¡Hala!
La Iglesia es diversidad, y amar es servir: si no sirves a otros, no sirves para nada.

¿Y sirve la Iglesia?
Jesús iba a morir y lavó los pies a sus comensales, y partió, repartió y compartió el pan. Pero hoy la Iglesia acumula bienes...

¿Los repartiría?
Hay patrimonio artístico que mimar, ¡pero tantos solares y edificios, pisos cerrados y donaciones...! ¡Que vuelvan a la gente!

¿Predica con el ejemplo?
Hemos dado la mitad del convento para un centro de salud mental y club social. ¡Dios no tiene manos, pero tiene nuestras manos!

¿De qué viven usted y sus hermanas?
Vivimos al día, con lo que nos llega, y damos lo que tenemos, no lo que nos sobra: dando todo ¡recibes bendiciones totales! Creo que si acumulo bienes, algo malo me pasará.

¿Es supersticiosa?
Confío en la Providencia. Un día le dije a sor Neus: "Rece a la Virgen para que nos lleguen cien litros de leche o perderé la fe ¡o la ordeñaré a usted!". ¡Y llegaron!

¡Milagro! ¿Rezó mucho sor Neus?
¡Sí! Ya ha muerto, pero sigo hablando con ella. Tenía 90 años, no podía caminar... ¡y siempre estaba contenta! La admiro, ha sido uno de los mejores regalos en mi vida.

¿Le pide cosas?
Sí, hasta que gane el Barça. Y funciona. ¡El Barça es casi divino! Un chiste: "Dios me ha enviado para que el mundo vea jugar bien al fútbol", dice Cristiano Ronaldo. Y Messi dice: "¡No recuerdo haber enviado a nadie!".

¿No es irreverente?
El sentido del humor es sentido del amor. Seguro que Jesús se reiría en misa.

¿Qué ha sido lo más duro de su vida?
Ver a niños muriendo de hambre en Tucumán, cuando el corralito. ¡Odié a los políticos, por tanto robar y robar!

¿Qué hizo con ese odio?
Convertirlo en amor a los niños: fundé SOS Tucumán, para darles formación, y hoy hemos acabado con el analfabetismo.

¿Para qué estamos aquí, sor Lucía?
Para ser felices y hacer felices a los demás.

Pida algo desde aquí.
Si todos los jóvenes que salieron a las calles a recibir al Papa se hicieran voluntarios, ¡solucionaríamos casi todas las necesidades!

¿Qué espera de la otra vida?
Si la otra vida es eterna, ¡la otra vida ya ha empezado, ya estamos ahora en ella!

¿Tiene miedo a algo?
¡No! Porque no tengo nada que perder.

Y si la expulsaran de la Iglesia, ¿qué?
¿Cómo echarme de mí misma? No puede ser: seguiría sirviendo.


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sábado, 11 de abril de 2015

¡ABUELITA contra ISIS! - GRANNY stands up against ISIS.

Una anciana Siria reprende a combatientes de ISIS

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/una-anciana-siria-reprime-increpa-combatientes-del-estado-islamico-4088615


Una anciana siria reprende e increpa a combatientes del Estado Islámico

"Vuestro Estado está maldito", les llega a decir, sin temor a posibles represalias

La anciana reprime a combatientes del Estado Islámico en una aldea anónima de Siria.


























VIERNES, 10 DE ABRIL DEL 2015 - 18.30 H

Una anciana siria, en un vídeo difundido por YouTube y titulado'Volved a Alá', reprende duramente a los combatientes del Estado Islámico, sin temer por su vida o posibles represalias. Los yihadistas, cariacontecidos y sorprendidos ante el arranque de la mujer, responden a las acusaciones con una risa nerviosa, o un amenazador "volveremos" desde el interior de un coche.
"Vuestro estado está maldito", llega a decir sobre el autoproclamado Estado Islámico, al que califica de "mierda". Les acusa de "degollar" a kurdos, y en tono de reto, les repite versículos del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, en los que se condena los actos injustos y la violencia gratuita, dándoles a entender que desconocen la religión que aseguran practicar. La señora, residente probablemente en una zona del norte de Siria -el diálogo tiene lugar en un poblado nevado- no deja de repetirles, "volved a Alá", recriminándoles que hayan dejado de ser musulmanes.

martes, 7 de abril de 2015

Maria Joao Pires...El Piano...

Maria João Pires : “Me he convertido en mucho más tolerante”

Maria João Pires es reconocida como una de las mejores pianistas vivas. Se ha convertido en una de las pocas artistas capaces de alzar la música clásica a las listas de superventas.

Una portuguesa de cuna que últimamente vive en Bélgica, alejada de un país con el que cortó “por lo sano”. Siempre se ha considerado a sí misma una rebelde, una ‘outsider’.

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JORDI SOCÍAS
Unas diminutas manos de fuego explican el misterio de Maria João Pires. El físico no ha sido ­nunca un impedimento para que se alzara al piano y lo dominara desde que tenía tres años.
Al contrario, la escasa fuerza que podía despedir un cuerpo que no llega al metro sesenta le obligó a desarrollar técnicas propias con que dar razón a lo que su colega Daniel Barenboim sostiene: que el piano no se toca con las manos, sino con la cabeza.
Esta feroz y delicada intérprete portuguesa ha aprendido a ser feliz una vez cumplidos los 70 años. Antes se ha considerado siempre unaoutsider. Excluida en todo. El sentimiento de ir a la contra se le ha ido alargando desde que lo experimentara en los territorios de su infancia y ­continuara después hasta la frustración que le produjo no poder culminar su proyecto ­pedagógico en Belgais, cerca de Castelo Branco (Portugal). Aquella falta de apoyos oficiales le hizo tirar la toalla y autoexiliarse, primero en Brasil y ahora en Bélgica, donde enseña y sigue estudiando los significados enigmáticos de la música que hace suya, centrada sobre todo en el clasicismo y el romanticismo.
Elegante, luchadora, dulce, inquieta, rebelde, Maria João Pires ha recuperado plenas facultades –como demostró recientemente en su gira española y junto a la Orquesta Nacional, de la mano del nuevo e ilusionante director, David Afkham– para afrontar el territorio final de su carrera. Un camino que ha decidido emprender renunciando a la discográfica Deutsche Grammophon, junto a la que ha cosechado éxitos superventas de sus versiones de Schubert, Chopin, Beethoven o Mozart. Incómoda con el exhibicionismo top model que impone una industria necesitada de volver a recuperar el pulso de las ventas, prefiere taparse y observar el mundo desde otras latitudes.
Ahora que ha transcurrido un tiempo, ¿qué ocurrió con su proyecto educativo de Belgais para que no siguiera adelante?Es difícil de explicar lo que pasó. Fueron muchas cosas al tiempo. Creo que surgieron celos alrededor de lo que hacíamos. Empezamos a experimentar en enseñanza primaria con los niños de la zona, con buenos resultados, y aquello ponía en evidencia los programas oficiales. Se lo tomaron mal. En vez de dialogar u observar si con ello se emprendían caminos alternativos, se negaban en redondo. Trataba de sacar adelante programas en apariencia sencillos en pueblos pequeños, pero me di cuenta de que me pasaba la vida peleando, por ejemplo, por aplicar una educación bilingüe. Me decían que no se podía, y otra vez que no, así hasta que todo quedaba bloqueado. Cuestiones de transporte, la adecuación de la música a los esquemas, nada, no se podía conjugar. Muy mal, muy mal. Triste, acabé asqueada.
Yo la recuerdo furiosa por la falta de apoyos. Nada diplomática. Hay cuestiones éticas y morales que no debes pasar por alto.
Hasta el punto de que la dejó con la salud trastocada. Sí, fatal. Pero de aquello ya han pasado más de 10 años. Me siento recuperada. Aunque la experiencia me llevó a cortar por lo sano con Portugal.
De niña, comprendía mejor el mundo de la música que el real”
¿En serio? Ahora vivo en Bélgica. Me instalé una temporada en Brasil, pero era duro para la familia. Demasiado lejos. Fue en tiempos de Lula y me sentía muy feliz al vivirlo. Pero también me afectaban las diferencias sociales. No lo aguanté bien, y eso que uno de mis hijos adoptados es de allí. Toqué y trabajé en las favelas. Jamás regresé a vivir a Portugal. Lo visito dos veces al año. Ya no me quedan los niños allí [tiene cinco hijos], voy a ver a mis hermanos.
¿Los niños? Serán mayores… Bueno, sí. Pero viven fuera.
¿No regresar a Portugal es cuestión de principios entonces?Sí, en parte. Pero que no me guste uno u otro Gobierno no es suficiente para cortar con mi país, existen cuestiones más profundas.
¿Cuáles? La gente, en general, me decepcionó cuando más apoyo necesitaba. Eso desanima. Te sientes débil de espíritu, y la música es un lenguaje espiritual, no me lo puedo permitir.
También lo es corporal. El cuerpo forma también parte del instrumento. Para exprimir la música, esta debe pasar por tu cuerpo, no hay otra solución. Cuando la enseñas a niños con problemas psíquicos graves, no puedes comenzar sin mostrarles cómo respirar, cómo dependen de la presencia de su físico.
Cuando niña, ¿fue bien enseñada también en ese sentido? Lo aprendí por mí misma. Yo era muy pequeñita y deseaba tanto tocar que debí adaptarme con mis propios trucos. Necesitaba sacar el máximo partido de mis manos diminutas y creo que desarrollé técnicas mías que me hicieron percibir el sonido que yo quería escuchar.
¿Cómo lo hizo? Poco a poco. Tenía tres años.
¿Con piano en casa? Sí. Mi madre lo tocaba, pero lo dejó al morir mi padre. Él falleció antes de que yo naciera. Mis dos primeros años fueron duros porque mi madre estaba muy deprimida. Mi hermana mayor insistió en que debíamos volver a comprar un piano, porque ella, al mudarse de Oporto, lo había dejado allí. En fin, el piano andaba por allí cuando yo nací. Pero lo usaba mi hermana, que mostraba mucho talento para la música y la danza. No se centró en una cosa, sino en varias, quizá por eso no prosperó como sus posibilidades apuntaban. El caso es que mientras ella atendía lecciones, yo andaba por allí. Cuando el profesor se iba, yo me ponía al piano. Lo había captado. Quería siempre producir el sonido que a mí me gustaba oír.
O sea, que usted, desde niña, en vez de con la técnica, ya comenzaba a obsesionarse con el sonido, algo que más bien queda reservado para los muy desarrollados. Sí, quería hacer brotar un sonido que no fuera como el del piano. No me gustaba.
¿Cuál era? Uno más vivo, más adaptado a la naturaleza de la música.
O el de la naturaleza misma. Porque si uno escucha susNocturnos de Chopin, percibe cómo caen gotas de agua.Bueno, la naturaleza, para mí, era una quimera. Yo deseaba vivir en el campo y no en Lisboa.
Al crecer sin padre, ¿cómo lo imaginaba? Eso era muy difícil. Mis hermanos mayores hablaban sobre él todo el tiempo.
¿Y qué imagen desprendían? ¿Algo que le inspirara reconstruir al piano? Podría ser. Pero no siempre me resultaba cómodo. Yo me mostraba a menudo resentida con su recuerdo. Creí que me había abandonado. No entendía muy bien la muerte.
¿Cómo murió? De enfermedad. Cáncer. En dos meses, muy rápido. Nadie me lo explicó como para que yo sacara mis propias conclusiones. Solo escuchaba cosas agradables sobre él. En casa lo considerábamos artista.
¿A qué se dedicaba? Al diseño, pero también pintaba y cantaba. Siempre me lo pintaban como alguien muy creativo. Pero yo me sentía excluida del grupo por el mero hecho de que ellos lo conocieron y yo no. La hermana anterior a mí me saca 10 años.
La pianista Maria João Pires. / JORDI SOCÍAS
Su madre debió quedar destrozada… Muy sola y deprimida. En cuanto a mí…
¿Se sentía una outsider? ¡Sí! Creo que así comenzó mi historia como rebelde, como outsider, sí: eso he sido siempre.
¿Cómo se recuerda de niña? Rebelde. Siempre negándome a lo que no me parecía bien, y eso se daba la mayoría de las veces. No me gusta juzgar lo que me ocurría en aquellos tiempos.
No juzguemos, sencillamente recordemos. Para mí, la música representaba un mundo en sí mismo. Un mundo que comprendía mejor que el real, que el humano.
¿No es humana la música? Lo es, una conexión, pero no solo humana, es algo más.
¿Abstracto? Abstracto o que tiene sencillamente más que ver con el mundo espiritual. Lo que creas o no, no importa.
El problema de la música, entonces, ¿aparece cuando se debe concretar en una imagen? Por ejemplo, el agua al que me refería de sus Nocturnos. Siempre busco crearlas, pero no de manera muy concreta, sino sugerida. Enciendo luces, ilumino, conecto.
¿Cómo se convence aquella niña de que debe convertirse en artista? Nunca lo decidí. La música nunca ha sido una profesión para mí.
¿Ni siquiera hoy? No, y me cuesta comprender a algunos jóvenes que se niegan a entrar en el mundo de lo que no consideran profesional.
Pero usted colabora con muchos jóvenes músicos. Sí, y enseño.
¿Toca mucho con ellos porque le da ­miedo quedarse sola en el escenario? No. Estoy convencida de que si no ­establecemos conexiones fuertes con otras generaciones, te secas. Debes conocer lo que se hacía antes de ti y lo que viene detrás. Hablo de transmisiones espirituales, de esa herencia. ¿Qué me legaron mis abuelos, mis padres, mis maestros, y qué recibieron ellos de mí a su vez? Ellos dan muchísimo.
¿Conocido o desconocido? No me refiero a las escuelas. Sino a su propia experiencia. Al cortar esa transmisión, te cargas lo esencial. Me encantaría tocar hoy con muchos que han muerto.
Entiendo. ¿Quién? No ha muerto. Pero con Alfred Brendel, por ejemplo, que se ha retirado ya.
Para dedicarse a la escritura y a la poesía… Y de manera brillante, como todo lo que ha hecho siempre.
¿Podríamos decir que existe una conexión entre él y usted para afrontar lo complejo de manera sencilla? Aprendí muchísimo de él, aunque no compartiéramos nunca escenario. Pero también aprendí de otros a los que jamás conocí. La primera vez que recuerdo haber decidido estudiar piano fue al escuchar en vivo a Ginette Neveu, la violinista francesa. Yo era una niña afortunada. Mi madre me llevaba a conciertos en los años cuarenta. Y a la ópera. Antes de cumplir los 10 años, ya había escuchado montones. Ella tocó aquella noche en Lisboa, con su hermano, Jean Neveu. Fuimos todos. Resultó tan tremendo que todavía hoy lo recuerdo. La misma sensación. Mi cuerpo vibró. Nunca olvidaré ese sonido, lo he intentado reproducir al piano, pero me es imposible. Me fui a dormir y a la mañana siguiente me despertó una de mis hermanas gritando: “¡Ha muerto Ginette Neveu!”. Habían salido para América, hicieron escala en las Azores y se estrellaron. Todo un shock. Un trauma. Aquello marcó mi vida.

Maria João Pires

Lisboa, 1944. Es considerada una de las mejores pianistas vivas. Entre el clasicismo y el repertorio romántico, Pires ha desarrollado una carrera brillante y ejemplar, en la que jamás ha abandonado su vinculación de compromiso pedagógico y colaboración con los pianistas más jóvenes, sobre todo en su centro portugués de Belgais, ya cerrado. Madre de cinco hijos, ganó el concurso Beethoven en 1970. Había debutado con siete años en Oporto. Perteneciente a una familia de amplia sensibilidad artística, Pires siempre se ha mostrado como una intérprete pura, y aunque en los buenos tiempos para la industria dio salida a cientos de miles de copias e incluso se colocó entre los más vendidos del ámbito pop con interpretaciones de Chopin –sus ­Nocturnos– y Schubert –sus Impromptus en Le voyage magnifique–, recientemente ha roto su contrato con Deutsche Grammophon.
¿Y se hizo pianista? Antes quise estudiar medicina. Cuando acabé el instituto estaba convencida de ello. Además, mi entorno me empujaba más a eso. No mi madre, ella siempre me dio completa libertad para hacer de mi vida lo que quisiera. No era tampoco blanda, al contrario, era una mujer muy dura y exigente, pero en lo que se refería a las decisiones individuales, dejaba completa libertad. Nunca me presionó para dedicarme a la música. Puso las herramientas, pero no se mostraba como esas madres orgullosas de sus hijos prodigio. Más bien al contrario, no le gustaba que me quisieran explotar como tal. Se negaba a todas las ofertas que le llegaban para que diera conciertos o saliera de gira. Actué con frecuencia, pero eran ocasiones especiales.
En la conciencia de los prodigios debe incidir bastante, más que la fuerza y el convencimiento interior de sus capacidades, el éxito ante los demás. Cierto exhibicionismo. En usted eso fue vedado. ¿Cómo llegó a ser consciente de su calidad desde niña? Me desarrollaba naturalmente en ese mundo. Muchos amigos insistían en que debía estudiar música. Cuando me encontré en la encrucijada de dedicarme a la música o a la medicina, a quienes me aconsejaban lo primero les dije que necesitaba una ayuda, una beca para ello. Y aquello me cayó encima cuando menos lo esperaba. Una beca de la Fundación Guggenheim que me permitió seguir mis estudios en Alemania, en Múnich, para seguir con Rosl Schmid.
¿Qué encontró allí? Dificultades, eran tiempos muy duros. Años sesenta, sin haberse recuperado de los traumas que les dejó la guerra. Los alemanes no eran como hoy. Se mostraban muy distintos. Difíciles de trato, mucho más que en la actualidad. Se han convertido en un pueblo mucho más abierto a los extranjeros, a la diferencia. Hoy, si voy a Alemania, me siento bien. Claro que influye que ahora hable alemán. Entonces no hablaba una palabra, y eso me excluía. Una chica del Sur.
Portuguesa… No importaba de dónde. Me consideraban del Sur…
¿Y no sigue existiendo esa ­brecha mental entre Norte y Sur?Culturalmente me encontraba muy cercana a su cultura. Muy influenciada por su literatura, por su música, su filosofía. También por su manera de trabajar, de afrontar las cosas, por sus métodos. Eso me proporcionó finalmente la capacidad de vivir allí sin sentirme extranjera. Me ocurre ahora también, residiendo en Bruselas.
Vivimos un mundo muy distinto a aquel. En ese sentido es positiva la progresiva globalización que nos ha transformado. Sin fronteras. Nos entendemos, nos comprendemos mejor, más cuando la mayor parte de mi vida me he sentido una outsider.
Uff, eso debe de cansar muchísimo. Pues sí, pero no se puede evitar. No te conviertes en alguien excluido por propia voluntad, sino porque los demás te rechazan a la hora de formar parte de su círculo. En mi caso era eso: un sentimiento constante de rechazo. En el colegio, en mi país.
¿Hoy ya no se siente así? A eso me refiero, estoy mejor. Me siento bien.
Gran cambio en su vida. Sentirse bien… Soy feliz.
¿De verdad? ¿Objetivamente feliz? Sí, un gran cambio, ¿no?
¿Y cómo lo lleva? Bien…
¿Nunca antes de este nuevo periodo tuvo la sensación de ser feliz? No.
¿Desde cuándo se siente así? Desde hace unos dos años… O más. Es algo que he aprendido con el tiempo. Fue lento. Tiene también que ver con que me he convertido en alguien mucho más tolerante. Me pongo más en el lugar de la gente. Ya no creo que las cosas deban ser como a mí me parece. Antes tenía un carácter mucho más dogmático. Y deseaba que todo cambiara para bien, para la gente, para el medio ambiente, los niños, más justicia. Lo quería así e inmediatamente. Eso me despojaba de tolerancia hacia lo que me parecía mal. No lo podía soportar.
O sea, que esa felicidad suya, ¿implica que se ha rendido? De alguna manera sí, probablemente. He trabajado mucho interiormente en ese sentido. En no tratar de imponer las cosas de la manera que crees que deben imponerse.
Los jóvenes músicos andan perdidos por culpa de las compañías”
¿De quién ha aprendido más esa nueva tolerancia? De la vida, de gente sabia. Siempre me atrajo mucho la sabiduría. Mi abuelo, por ejemplo, me lo inculcó. Él estudiaba las religiones, la filosofía. Con la influencia de gente como él he llegado a hacer las paces con el mundo.
¿Y cómo lo ve ahora? El mundo, me refiero… ¡Muy mal!
¿Entonces me ha estado tomando el pelo? Es que solo una parte de mi ser se ha rendido, la otra no.
¿Doctor Jekyll y Mr. Hyde? Más o menos, así que no se fíe de mí del todo.
Ya intuía que había gato encerrado. Pero el caso es que si me guío por su música, me inclino a creerle, porque me proporciona mucha serenidad. Lo entiendo. Esa es la conexión que trato de establecer con la música. No pertenece a este mundo, no lo creo. Todo contacto con el arte, lo que nos saca de dentro, no tiene nada que ver con nuestra conexión con el mundo. Así que son esferas completamente distintas.
Demasiado ajenos como para encontrarse. Nuestra misión es mostrar el de la música, no mezclarlos.
A veces ocurre. Que la pureza se desvirtúa. No siempre se logra. Cuando yo era joven, mis maestros me inculcaron esa obligación de emprender una misión, como la que tienen los médicos o los maestros, un artista, como un actor, un filósofo: mejorar el mundo.
No solo a uno mismo… No haces música para ti, la haces para los demás. Es un instrumento de transformación. El abuso de compositores e intérpretes que se da por parte de la industria, de las discográficas, desde un lado exclusivamente comercial, provoca un desconcierto en los jóvenes. Andan perdidos, pero no por su culpa. Si quieren vivir de esto, quienes están por encima les alientan no a propagar esa misión transformadora de la música, sino a hacer carrera, a convertirse en famosos, y ser los números uno, a ganar dinero. Muchas veces te comentan que no saben qué hacer y les ves en medio de esa presión. Tienes que tranquilizarles, decirles que se olviden de ganar concursos, que la música posee otra finalidad más allá de la competencia. La culpa es de las compañías de discos y de los mánagers. Los pierden, se pierden, y en dos años nadie recuerda quiénes son ni qué lograron.
¿Han sido los tiempos de desesperación para el negocio de la música los que han propiciado eso o se trata de algo que viene de antes? Usted, que ha convertido en superventas a Schubert o a Chopin con cientos de miles de copias, lo sabrá.Lo que sé es que he roto mi relación con Deutsche Grammophon. Fue al ver la portada de un disco en la que aparecía una de sus artistas en una actitud completamente ajena a lo que debe ser un intérprete. Escribí una carta al presidente de la compañía renunciando a colaborar con ellos. Repito, no es culpa de los artistas. Es lo que se les obliga a hacer.